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miércoles, 16 de diciembre de 2009

Efecto Guitarra Quemada


A punto estuve de nombrar ese síndrome como "efect ex", o "efecto de la seguridad". Pero no.
No puedo imaginar la cantidad de veces que he pensado en este último tiempo "dios... pero si sé que no me hace bien, por qué me sigue gustando?". Más de mil. No podía ser objetiva, sabía que no me servía, sabía que no era bueno para mi, pero solo podía pensar en él. Hasta que. Hasta que le vi. Hasta que le vi, pero le vi de verdad (y como le vi, pero de verdad, pude hablar con él, pero de verdad). Le vi como realmente era, y pude ver realmente como era. Me curé de inmediato. Ya no me gustaba. Ya no pensaba en él. De pronto me dio igual que me viese con los pelos mojados. De pronto ya no encontraba consuelo en que me viese con otro, ni pensaba en el momento que había soñado: él pidiendome de volver. Ya pensaba claramente y podía verle objetivamente.
Por eso cuando él me coqueteó, por eso cuando él me propuso quedar para una noche de "buenos viejos tiempos" (y vaya si eran buenos...), dije que si. Porque tengo el síndrome de guitarra quemada. Porque le he visto como en verdad es. Sin sentimientos. Y como en verdad es no me gusta. No volveré a caer.
Efecto guitarra quemada: es seguro estar con él, porque de una guitarra quemada no puede salir ninguna nota musical.



anita.

domingo, 29 de noviembre de 2009

Efecto Muse


El primer disco de Muse me pareció muy bueno. Los demás discos... un tanto reiterativos, mucho plagio y muy presuntuosos. Donde algunos veían un nuevo giro musical yo solo oía radiohead+placebo. Donde muchos oían diversidad musical, yo solo encontraba 10 o 12 canciones que nada tenían que ver entre sí. De por si, Muse nunca me ha gustado.
Pero el que él me diga que se va a verles a otra ciudad, hace que Muse se gane un punto en contra. Saber que los gastos corren a cargo de su novia, hace que Muse se vuelva el grupo más pretencioso de la historia de este noviembre 2009. Ver en las noticias que ese grupo unificador de ex y feas ha dado uno de los "conciertos del año", hace que quiera ver que Muse arda en el infierno por dar la posiblidad de que él haya compartido cama con ella. Y como no puedo quemar a Muse, y como no podré ser sincera con él y explicarle que mi odio hacia Muse es completamente irracional, he decidido odiar musicalmente a Muse. Tengo los argumentos musicales más sólidos para demostrar que Muse es sólo un grupete más, que levanta pasiones entre los que no saben de música más allá de los años 00`s. Sé que es una tonteria, sé que Muse no tiene la culpa. Pero si es cuestión de demostrar mi cabreo, mejor mostrar odio musical a demostrar odio personal. Al fin y al cabo, te ataco. No importa si el medio para hacerlo es un grupo plagio-radiohead o una minifalda que sé que te pondrá a mil. No importa el medio: Efecto Muse... necesito atacarte, con una sonrisa y sin que sepas qué es lo que te ha atacado.

domingo, 1 de noviembre de 2009

Los Planetas


Efecto Planetas: a veces una letra de una cancion logra ponerle las palabras a esa sensacion que te apresiona el pecho:

Mientras iba de tu mano hacia la montaña,
unos días eran fuego y otros eran llamas.
Dentro del espejo donde no me reflejaba,
la promesa que en la cima nos aguardaba.
Pero una vez allí las nubes no nos dejaban ver el suelo
y una sensación que tuve fue miedo.

El camino de bajada era más estrecho,
se podría decir una bajada a los infiernos.
Te pedí que me guiaras cuando estaba ciego,
la montaña fue quien respondió con eco,
un eco que reproducía exactamente mis lamentos,
los sueños que una vez tenía y ya no tengo.

Un camino de torturas y de sufrimiento
que me ha traído donde ahora sigo muerto,
rezando para que alguien me levante del suelo,
donde estoy abandonado.
Así que te pedí lo menos y no quisiste darme nada
y ahora que ya no te quiero, me llamas, me llamas ...

lunes, 7 de septiembre de 2009

Efecto Belle and Sebastian


Conocí a Belle and Sebastian en el 2001, y si no recuerdo mal, fue porque me lo recomendó un novio que tuve. Me enamoré completamente del primer tema que oí. Era pop, era triste, hablaba de cosas depresivas pero con acordes menores. Me pareció increible. Y como casi todos, me adentré al mundo indie de la mano de Belle and Sebastian. Creo que hasta me enamoré un poco del cantante.
Devoré todos sus discos hasta el 2006 si no recuerdo mal tampoco. Hasta que un día dejaron de ser mi grupo favorito. No sé por qué, pero un buen día me dí cuenta que ya no oía tanto sus discos ni amaba tanto sus canciones, y ya no soñaba con verlos en vivo (mi concierto soñado en ese momento era Belle and Sebastian con The New Pornographers de teloneros). La última gran canción que amé de ellos fue Dress Up in You.
Ya no necesitaba esconderme en esas letras llenas de timidez. Ahora mismo oígo Belle and Sebastian y no me producen los sentimientos de antes, ya no me producen nada. Y eran mi grupo favorito. También eran el grupo favorito de alguien a quien quise llevar en la piel. Me doy cuenta que Belle and Sebastian nunca fue un grupo feliz. Eran un grupo de depresiones, historias tristes y perdedores natos.
Efecto Belle and Sebastian: me di cuenta que me había desenamorado. Completamente. Belle and Sebastian ya no eran la realidad en la que quería esconderme.
Creo que después de ellos no he vuelto a tener un grupo favorito.


anita.

martes, 28 de julio de 2009

Efecto Stephen Merrit

69 Canciones de ¿Amor?

Por lo general, en épocas de internet, dificilmente no veas una foto de un cantante del que te gusta su música (síndrome youtube). Por lo tanto, le ponemos cara rápidamente a una canción, una letra, una melodía y la historia que esta canción nos genera. A mi me pasó lo contrario con un grupo que conocí de casualidad (como todas las cosas buenas en esta vida), hace ocho años. 69 Love Songs era el nombre del disco, 69 canciones de amor... y en ese momento, enamorada, sí estaba. Y el título, tan sugestivo... un disco triple con letras dignas de un premio nobel de literatura (que se quite Dylan). The Magnetic Fields me parecieron increíbles. Y ese disco en particular, la bomba. Me devoré ese disco en nada, y en mi top 10 de canciones para llorar, unas cuantas son de ese disco. El cantante compone para otros cuatro grupos (al menos la última vez que lo chequeé). Y hasta hace un año, jamás le había visto la cara en ninguna foto. No sé si fue un cúmulo de casualidades, el hecho de que nunca puse un video de ellos en vivo o qué, pero la cuestión es que no sabía qué aspecto tenía un hombre que me susurraba a todas horas al oído eso de "Me quedaré si lo permites, y me iré si me lo dices, pero no me iré lejos porque tu eres mi único hogar". Hasta que (siempre hay un Hasta que, es como un Pero más delicado y encubierto) leí una reseña de Magnetic Fields, y, oh poco corazón del periodista musical de turno (los periodistas musicales NO tienen corazón, por eso son tan buenos interpretando el sentido de las canciones) ... bueno, resumiendo la historia: el hombre con la voz increíble, esa que me susurraba al oído todo lo que nunca me había dicho una pareja, era feo. Pero feo de cojones: bajito, semi calvo, medio sordo y gay. No tenía nada de parecido con el hombre perfecto que me había imaginado que tenía que ser. La debacle era: él era un hombre FEO pero seguía siendo el que me había susurrado todas las noches, el hombre no cambiaba por la voz. O más bien, la voz no debería haber cambiado al hombre. Racionalmente me doy cuenta de ello, pero no pensaba, estaba enamorada de ese disco, y tengo que admitir que nunca volví a oir a The Magnetic Fields de la misma forma. Cuando sacaron su último gran disco, cuando oía esa canción que dice "If there`s such a thing as love, i`m in it" ya no me sentí enamorada, el cantante de la gran voz, las fantásticas letras y las experiencias personales desgarradoras en las que me espejaba, ya no me susurraba al oído. En cambio, cantaba Stephen Merrit. Me sigue gustando Stephen Merrit, no soy tan necia (no descarto un grupo porque el cantante sea feo, pero en cambio si acepto haberme bajado discos sólo porque el cantante está como un tren). Pero el vínculo que me unía a esa voz sin cara real se rompió para siempre. Ya no podía imaginar su cara, ya no tenía misterio. Había visto la realidad, y repito: la realidad era FEA. La voz me había enceguecido por completo, y creo que las instrumentaciones operísticas también habían ayudado a estar como en una nube cada vez que pinchaba una de sus canciones.
Hoy en día recuerdo a The Magnetic Fields (y en particular a 69 Love Songs) como un buen grupo y un buen disco, que cojones... increíble, donde casi todas las canciones son buenas, aunque algunas han sido muy malas, me han dejado un mal sabor de boca y me han hecho bastante daño. Lo recuerdo como el disco de aquel verano, como una bonita historia de amor. Pero sin suspirar ya por él, sin imaginarme el futuro que me podrían dar sus subsiguientes discos. Ya hace tiempo que no pienso en él cada vez que escojo música, ni tengo la necesidad interna de hacerlo. Intenté durante un tiempo desechar la realidad e inventarme una nueva persona... crearle una nueva cara, imaginarme que en verdad el cantante era un tio guapo y hetero que usaba a Stephen de fachada porque sería un hombre tímido y con miedo a que si se mostrará, le hicieran daño. Hasta que me di cuenta que eso era un callejón sin salida: que Stephen era como era (FEO) y que tenía que aceptarlo o dejarlo, a pesar de lo que me había hecho sentir, esos sentimientos ya no me los volvería a dar nunca. Ya no pienso tanto en "por qué, por qué tuvo que suceder?". Aunque prefiero haber sabido que es FEO, porque todo cae por su propio peso y es mejor desengañarse cuanto antes te enfrentes (o te enfrenten) a la realidad, antes comienza el proceso de curación. Admitó que fue crucial para olvidarlo el hecho de no oirlo durante bastante tiempo (a.k.a. que él no sacara disco durante bastante tiempo). Nada mejor que darte un gran chute de la gran anestesia/píldora mágica que es el tiempo. Efecto Stephen Merrit: me enamoré de la realidad que quería ver, ignorando la verdad.
Sigo oyendo de vez en cuando a The Magnetic Fields, pero sólo muy de vez en cuando, y sólo por la añoranza que me genera el pensar "Dios, recuerdo cuando él me susurraba al oído las palabras de amor más increíbles, que bonitos que fueron esos momentos, aunque un poco gilipolla de mi parte por creerme todo lo que me dijo sin cuestionarme, pero no por eso deja de ser algo bonito, de hecho... recuerdo ese momento en el que él realmente me susurró sólo a mi, una pena que luego no pudiera funcionar".


Y sí, me gustan mucho las alegorías.

Pero también me gusta mucho The Magnetic Fields.


Y es verdad que Stephen Merrit es feo de narices.


anita.